
Pero esa imagen dista mucho de los intereses que están detrás, que si somos observadores podríamos notar. Un aspecto interesante es la creación de accesos a las estaciones, al quitar los puentes peatonales, se construyen de nuevo otros a escasos 3 metros de distancia. Estos nuevos puentes cuentan con la imagen y tecnología de ciertas concesionarias que pretenden tener una buena combinación estética con las estaciones. Tomando en cuenta que cada puente peatonal llega a tener una inversión de cerca de 1 millón de pesos mexicanos, se puede imaginar la cantidad de dinero que requiere tan sólo esa parte.
De aquí paso al aspecto estético de las estaciones. Cuando la primera fase fue creada, las estaciones contaban con ciertos arreglos metálicos. Ahora con la construcción de la extensión sur, cuyo arreglo fue de plástico translucido, nuevamente se invierte en homogeneizar la estética en el resto de las estaciones, como si fuera un capricho y justificando que la estética urbana lo demanda, como si los usuarios se fijaran más en la belleza de las estaciones que en la calidad del servicio.
Y en cuanto a calidad del servicio, debo decir que es difícil que en un carril confinado y estaciones específicas el chofer quiera abusar de la calle. Siendo esto un intento del gobierno por “combatir” a las concesionarias de transporte público, es cierto que la calidad no se compara, pero no así la demanda por más autobuses y mejores localizaciones de estaciones. Además, ese nuevo tramo está destinado a ser brindado por el servicio de una concesionaria de autobuses, lo cual resulta en el absurdo de que la gente tenga que hacer transborde de camiones, lo cual resta tiempo, tiempo no pensado porque hay que consentir a la inversión pero no a los usuarios.
Ahora me permitiré comentar el caso de la Ciudad Universitaria de la UNAM. Se creó sólo una estación a lo largo del tramo de la avenida insurgentes que cruza por la zona universitaria, dejando otros posibles dos lugares de descenso sin atender. El pretexto fue que el crear estaciones en la universidad destruiría nuevamente la estética, puesto que la universidad acababa de ser nombrada patrimonio de la humanidad.
En lo personal considero un descaro que no construir estaciones en la calle sea hecho en nombre de la estética, como si la avenida con autos no fuera ya de por sí antiestética. La universidad decidió implementar un servicio “eficiente” de mayores líneas internas de transporte, los pumabuses. Y me pregunto si es eficiente o no, puesto que dichos pumabuses tampoco llegan a satisfacer la demanda, más que de usuarios, de recorridos.
La gente que viene del norte como del sur depende de la eficiencia de los pumabuses para llegar al destino que el metrobus no puede proporcionar, especialmente en los puntos de rectoría y el Centro Cultural Universitario. Pero resulta más lógico pensar que la razón detrás de esto fue que se prohibió construir dichas estaciones por temor a que los estudiantes las tomaran cuanto existieran conflictos con las autoridades.
Sin afirmar nada, no es de extrañar que incluso el pumabus resultara también un negocio redondo para quienes hayan sido los concesionarios de estos últimos.