5/5/08

El momento de la competencia

Siempre me he preguntado por qué tenemos que competir en todo, y a veces en cuestiones tan absurdas que hacen reflexionar su papel en el contexto social. La cultura del mexicano ha mostrado cierto grado de modestia, así que presentar atributos positivos es, hasta cierto punto claro está, mal visto por la sociedad.

En cambio, se opta por demostrar que uno es una mejor persona conforme la mala salud y la peor vida que se lleva se acentúa. Muchos hombres, y algunas mujeres, quieren mostrar su gran valor conforme más bebidas alcohólicas injieren, sin llegar a un estado etílico notable. Otros, sin embargo, acentúan su grandeza al aceptar su problema alcohólico y celebran el ser borrachos. Algunos más tratan de indicar que su conocimiento de marcas de bebidas alcohólicas es sinónimo de intelectualidad y gran clase (y nuevamente podríamos ejemplificarlos en los casos del café, el cigarro, aunque saliéndome un poco del tema también se me vienen a la mente los autos).

El dormir las menos horas es también sinónimo de vitalidad; entre más tarde uno acabe su día, mejor valoración se tiene de uno mismo. Pero que mejor que simplificar todo y decir que a uno le ha ido “de la patada”. Aquellas personas gozan de popularidad y siempre que uno demuestre su mala suerte, el otro dirá, sin saber incluso el caso particular de uno, que su vida es aún peor y con ello obtienen, por decirlo de una forma, el derecho de tener la última palabra; pues al parecer se tiene la fantasía de que entre más mal le va uno, más “experiencia de la vida tiene”, por lo que su sabiduría y respeto debe ser tomados en cuenta.

Entonces pienso hasta qué punto la gente se conoce a sí misma, si realmente ha hecho un momento de reflexión sobre hasta donde llegan sus propios límites. Nunca lo sabremos, puesto que sólo tenemos su discurso y un protocolo de reglas implícitas donde lo que importa es ganar o ser sumiso ante la victoria del otro.

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