
29/9/08
Tres mundos

22/9/08
Sín-tesis
En el mundo en que vivimos guiamos la educación hacia la reproducción del sistema, donde los supuestos que no quepan en él son deliberadamente rechazados. Se trata de educar hacia reparar los daños que hemos provocado, pero no a prevenirlos. La profesionalización académica se encamina a mejorar la calidad de los satisfactores sociales pero no a replantear las verdaderas necesidades.
En parte es quizás por ello que trato de permanecer lo más alejado posible de la monotonía que puede crear la rutina de un trabajo de corto alcance, en lo espacial (sólo una pequeña región que atiende a gente de cierta clase) y lo temporal (mis servicios terminan tan pronto se me considere no competente).
Ahora que con el proyecto neoliberal global se encarrera hacia la conquista económica espacial, los legados quedan olvidados, tanto a un nivel comunal puesto que los beneficios son ahora privados, así como los individuales, al crear en la gente la condición de acumulación con el fin de no desaparecer de la misma sociedad enajenada de ellos mientras su poder económico no se los permita.
Dentro del marco psicológico, una disonancia cognoscitiva se desencadena en las mentes de las unidades sociales humanas, donde el conformismo de las condiciones nuevamente limita las expectativas, siendo en su mayoría pensar en la abundancia hacia el futuro. Por ejemplo hasta los más necesitados que no tienen capacidad económica para consumir, tienen en la mente hacerlo tan pronto el dinero sea posible. Y en realidad es algo de toda la humanidad, pensar en un futuro donde la acumulación de bienes sea el sueño.
Es el pensamiento moderno muy probablemente el que nos sigue guiando hacia ello, hacia el futuro. Dice la ciencia física que el tiempo tiende a acelerar el todo hacia el futuro, pero el humano ha visualizado eso no como una velocidad de desplazamiento espacial, sino como un crecimiento del espacio, una expansión hacia el infinito.
Pero claro está que ese espacio social no es el físico del mundo abstracto, sino un mundo de recursos finitos cuya abundancia desaparece al mismo tiempo que se piensa lo contrario. El comportamiento humano parece entonces encontrar caminos fragmentados para lograrlo. Los espacios-tiempos limitados, circunscriben lo que anteriormente en otras sociedades de modos de producción premodernas podían configurar de manera diferente.
Se trata de las relaciones sociales, cada vez más cortas por la necesidad de consumo. Lo nuevo tiende a ser creído como lo mejor, como en la música o el cine, mientras que lo viejo no lo es, aunque tan pronto es reconocido nuevamente su cuestión añeja es adjuntada al sistema reproductivo de consumo actual. Pero también lo son las amistades, los amores y los sentimientos, con grandes alcances en cantidad pero muy pocos en calidad. Y con la cantidad la modalidad también cambia, llegando hacia categorías tan raras que tratamos de encasillar sin tener opinión alguna que la que hemos absorbido del discurso generalizado.
Es esta atracción hacia la diversidad, que la visión posmoderna con falta de proyecto ha creado medios de expansión de la visión del mundo, pero en amenaza de la idea imperialista, que sin duda no es idea de unos cuantos, sino siendo parte del espacio vital de cada persona, incluyéndome a mí.
En parte es quizás por ello que trato de permanecer lo más alejado posible de la monotonía que puede crear la rutina de un trabajo de corto alcance, en lo espacial (sólo una pequeña región que atiende a gente de cierta clase) y lo temporal (mis servicios terminan tan pronto se me considere no competente).
Ahora que con el proyecto neoliberal global se encarrera hacia la conquista económica espacial, los legados quedan olvidados, tanto a un nivel comunal puesto que los beneficios son ahora privados, así como los individuales, al crear en la gente la condición de acumulación con el fin de no desaparecer de la misma sociedad enajenada de ellos mientras su poder económico no se los permita.
Dentro del marco psicológico, una disonancia cognoscitiva se desencadena en las mentes de las unidades sociales humanas, donde el conformismo de las condiciones nuevamente limita las expectativas, siendo en su mayoría pensar en la abundancia hacia el futuro. Por ejemplo hasta los más necesitados que no tienen capacidad económica para consumir, tienen en la mente hacerlo tan pronto el dinero sea posible. Y en realidad es algo de toda la humanidad, pensar en un futuro donde la acumulación de bienes sea el sueño.
Es el pensamiento moderno muy probablemente el que nos sigue guiando hacia ello, hacia el futuro. Dice la ciencia física que el tiempo tiende a acelerar el todo hacia el futuro, pero el humano ha visualizado eso no como una velocidad de desplazamiento espacial, sino como un crecimiento del espacio, una expansión hacia el infinito.
Pero claro está que ese espacio social no es el físico del mundo abstracto, sino un mundo de recursos finitos cuya abundancia desaparece al mismo tiempo que se piensa lo contrario. El comportamiento humano parece entonces encontrar caminos fragmentados para lograrlo. Los espacios-tiempos limitados, circunscriben lo que anteriormente en otras sociedades de modos de producción premodernas podían configurar de manera diferente.
Se trata de las relaciones sociales, cada vez más cortas por la necesidad de consumo. Lo nuevo tiende a ser creído como lo mejor, como en la música o el cine, mientras que lo viejo no lo es, aunque tan pronto es reconocido nuevamente su cuestión añeja es adjuntada al sistema reproductivo de consumo actual. Pero también lo son las amistades, los amores y los sentimientos, con grandes alcances en cantidad pero muy pocos en calidad. Y con la cantidad la modalidad también cambia, llegando hacia categorías tan raras que tratamos de encasillar sin tener opinión alguna que la que hemos absorbido del discurso generalizado.
Es esta atracción hacia la diversidad, que la visión posmoderna con falta de proyecto ha creado medios de expansión de la visión del mundo, pero en amenaza de la idea imperialista, que sin duda no es idea de unos cuantos, sino siendo parte del espacio vital de cada persona, incluyéndome a mí.
15/9/08
La sociedad perezosa
El otro día estaba pensando en un tema del cual comentar, existen infinidad, pero me daba flojera escoger uno y desarrollarlo. Irónicamente, creo que eso último fue lo que me inspiró a escribir. La flojera es algo que está presente en la sociedad moderna y de la cual habría que reflexionar un poco.
Me he dado cuenta de que la percepción de la holgazanería en cada sociedad es diferente, pero he de señalar algunas cuestiones. Por ejemplo, ante una sociedad en la cual las arduas horas dedicadas al trabajo extraen gran parte de nuestra energía, buscar un espacio-tiempo de relajación o socialización es algo muy demandado; sin embargo, conforme la sociedad se ha vuelto consumista esos espacios-tiempos en realidad se han convertido en material de entretenimiento, por lo general, de un entretenimiento vacío o con el cual hay poco que reflexionar.
Yo pensaría más bien que es un entretenimiento que está hecho con el fin de no aportar al intelecto o de dejar de hacer trabajar al cerebro y por lo cual las prácticas se ha asociado muy bien en ello. Por ejemplo ir constantemente al cine a ver películas comerciales de alto presupuesto y poco contenido o ir al antro a baliar con el sonido estridente destruye-tímpanos, y a beber alcohol y fumar cigarros destruye-neuronas. Las sociedades son muy celosas de esas prácticas, defendiendo su derechos individuales, en realidad no optan por la variedad de ellas y generalmente se quedan en las mismas, sin cuestionarse otras alternativas.
Nuevamente, no pienso en que hacerlo sea malo, sino el hecho de que se convierta en rutina y pierda cuestionamiento, cuando al menos ese cuestionamiento es estar consciente de que es puro entretenimiento pero no algo que debe guiar nuestras formas de vivir. Algunas personas que cambian hacia otros hábitos más enriquecedores como la lectura, muchas de ellas pasarán por una selección de lectura también de poco aporte.
La música, las películas, los deportes y los libros, entre otros, siguen siendo los mismos, se favorecen aquellos que son mejor aceptados o digeridos por la población; y cuando uno de ellos da un cambio interno, ese cambio en cuestión de tiempo ocupa el lugar privilegiado y lejos de una evolución aparente. Se podría decir que en la actualidad la fragmentación de la división del trabajo ha sido tan brutal, que reflejada en las especializaciones ahora la gente poco discute con algo que no sea de su campo. La curiosidad por lo otro es mínima, aunque desde el punto de vista posmoderno parezca lo contrario, puesto que la cosmovisión siempre será de aquella educación de la cual no pretenden salir, ya que el salir implica un movimiento que la flojera no parece permitir.
Y cada vez más los productos se destinan hacia la flojera, donde la tecnología ahora es la que amplía su campo de acción y reduce su tamaño, dejando al humano como un operador. Las carreras profesionales pronto se vuelven más dirigidas a esas operaciones mecánicas, lo cual en vez de crear una necesidad de intelecto la sustituyen y dejan el periodo de ocio a aquello que no las involucra (y también cuando las involucra), permitiendo entonces humanos cada vez menos preocupados más que de sí mismos, o sea , enajenados.
A su vez, las actividades económicas cada vez requieren sólo de un arduo consumo para generar dinero, pero no un gran trabajo detrás, es decir, sin una gran educación muchas personas se valen de otros recursos para hacer dinero; y al mismo tiempo, carreras de larga duración y enriquecimiento académico cada vez son menos necesarias, o al menos así son vistas por la sociedad. Donde una persona con grado de doctor se vale de ser taxista para ganar dinero, o alguien con primaria genera millones a través de medios a veces poco creíbles o legales.
Esto hace que la necesidad intelectual pierda su valor y la flojera poco a poco la va suplantando. Y será la flojera la que a final de cuentas decidirá si este texto será leído o no.
Me he dado cuenta de que la percepción de la holgazanería en cada sociedad es diferente, pero he de señalar algunas cuestiones. Por ejemplo, ante una sociedad en la cual las arduas horas dedicadas al trabajo extraen gran parte de nuestra energía, buscar un espacio-tiempo de relajación o socialización es algo muy demandado; sin embargo, conforme la sociedad se ha vuelto consumista esos espacios-tiempos en realidad se han convertido en material de entretenimiento, por lo general, de un entretenimiento vacío o con el cual hay poco que reflexionar.
Yo pensaría más bien que es un entretenimiento que está hecho con el fin de no aportar al intelecto o de dejar de hacer trabajar al cerebro y por lo cual las prácticas se ha asociado muy bien en ello. Por ejemplo ir constantemente al cine a ver películas comerciales de alto presupuesto y poco contenido o ir al antro a baliar con el sonido estridente destruye-tímpanos, y a beber alcohol y fumar cigarros destruye-neuronas. Las sociedades son muy celosas de esas prácticas, defendiendo su derechos individuales, en realidad no optan por la variedad de ellas y generalmente se quedan en las mismas, sin cuestionarse otras alternativas.
Nuevamente, no pienso en que hacerlo sea malo, sino el hecho de que se convierta en rutina y pierda cuestionamiento, cuando al menos ese cuestionamiento es estar consciente de que es puro entretenimiento pero no algo que debe guiar nuestras formas de vivir. Algunas personas que cambian hacia otros hábitos más enriquecedores como la lectura, muchas de ellas pasarán por una selección de lectura también de poco aporte.
La música, las películas, los deportes y los libros, entre otros, siguen siendo los mismos, se favorecen aquellos que son mejor aceptados o digeridos por la población; y cuando uno de ellos da un cambio interno, ese cambio en cuestión de tiempo ocupa el lugar privilegiado y lejos de una evolución aparente. Se podría decir que en la actualidad la fragmentación de la división del trabajo ha sido tan brutal, que reflejada en las especializaciones ahora la gente poco discute con algo que no sea de su campo. La curiosidad por lo otro es mínima, aunque desde el punto de vista posmoderno parezca lo contrario, puesto que la cosmovisión siempre será de aquella educación de la cual no pretenden salir, ya que el salir implica un movimiento que la flojera no parece permitir.
Y cada vez más los productos se destinan hacia la flojera, donde la tecnología ahora es la que amplía su campo de acción y reduce su tamaño, dejando al humano como un operador. Las carreras profesionales pronto se vuelven más dirigidas a esas operaciones mecánicas, lo cual en vez de crear una necesidad de intelecto la sustituyen y dejan el periodo de ocio a aquello que no las involucra (y también cuando las involucra), permitiendo entonces humanos cada vez menos preocupados más que de sí mismos, o sea , enajenados.
A su vez, las actividades económicas cada vez requieren sólo de un arduo consumo para generar dinero, pero no un gran trabajo detrás, es decir, sin una gran educación muchas personas se valen de otros recursos para hacer dinero; y al mismo tiempo, carreras de larga duración y enriquecimiento académico cada vez son menos necesarias, o al menos así son vistas por la sociedad. Donde una persona con grado de doctor se vale de ser taxista para ganar dinero, o alguien con primaria genera millones a través de medios a veces poco creíbles o legales.
Esto hace que la necesidad intelectual pierda su valor y la flojera poco a poco la va suplantando. Y será la flojera la que a final de cuentas decidirá si este texto será leído o no.
8/9/08
Hormiga

Un día (11 de marzo de 2005) en la Biblioteca Central de la UNAM me encontraba con unos amigos trabajando en un proyecto para una clase. Suele suceder que esperando al que falta, así como después de horas de tedioso estudio uno comienza a distraerse. En mi caso tomé un libro con dibujos de M. C. Escher y me dispuse a copiar algunos en hojas de reciclaje. Como me gusta muchas veces dibujar con pluma, pues con ello uno puede tapar con ingenio los errores que no se pueden borrar, dos de los tres dibujos fueron elaborados bajo esa técnica. Por obvias razones, los más sencillos fueron dibujados con pluma.
Ahora muestro una copia de la litografía de 1943 llamada Ant.
Ahora muestro una copia de la litografía de 1943 llamada Ant.
1/9/08
La pala negra. Segunda parte
“¿Sabe entonces a qué vine, cómo?” dijo aún sorprendido el hombre, pero el viejo sólo dijo “No importa, toma mi pala, es la misma pala que fundó el pueblo” Augusto tomó una pala común y corriente que se encontraba al lado del viejo, a quien creía loco. “Regresa al pueblo, ahí encontrarás la respuesta” decía el anciano a Augusto, pero él quería más respuestas, las cuales no pudo conseguir cuando el viejo pronto regresó a ese sueño profundo del cual ni con el mayor esfuerzo se le pudo despertar.
Una tormenta se avecinaba y debía partir inmediatamente. De regreso, Augusto pensaba en volver a ver a viejo por más respuestas a la mañana siguiente, pero de pronto la lluvia comenzó a caer. El auto comenzó a calentarse y en medio del camino quedó. Tenía hambre y sed y un gran deseo de encontrar refugio. Pasaron las horas y la lluvia no cesaba. Augusto salió del auto y de pronto resbaló, y un ataque de locura lo envolvió. Sacó la pala, abrió el cofre y pronto con la herramienta golpeó con ira el motor queriendo que éste funcionara. Pero no fue así y una nube de humo logró sacar, la cual pronto la lluvia disipó.
Augusto sentía en su pie de metal la pronta llegada de los rayos. Así fue y uno de ellos a escasos metros de él cayó. En medio del camino, el hombre se encontraba, con poco conocimiento abrió paso entre el lodo y de pronto se levantó, tomó la pala y comenzó a caminar. Al llegar al pueblo éste parecía desolado, la lluvia se había calmado. Gritaba que alguien lo ayudara pero nadie salía. Cayó al suelo del cansancio y volvió a levantarse, dejando la pala en el suelo.
Una mujer acudió a su llamado y ofreció agua a Augusto. De pronto una niña, quien parecía la hija de aquella mujer se le acercó. Llevaba un collar de flores de tela como el de la anciana del otro día. Augusto de pronto se sintió confundido y le preguntó si conocía a una anciana con el mismo collar, la niña no respondió y la mujer, al escucharlos le dijo a Augusto “de qué anciana habla usted, ese collar yo lo acabo de hacer”.
Extrañado por eso, de pronto Augusto miró a su alrededor, el pueblo parecía conjuntarse en torno a algo. Se sorprendió al notar que la pala había cobrado un tono oscuro con el humo y aceite del auto, pero no se había percatado hasta ahora. Augusto de pronto pensó que estaba volviéndose loco, pero no parecía ser así. Estaba presenciando la leyenda en vida. Al ver a la pequeña no sólo pensó que había regresado en el tiempo, sino que sólo una persona podría haber sabido de todo esto: él y el viejo. En la locura sólo imaginaba que él sólo podía ser el mismo viejo, así que corrió hacia el monte en un viaje de desesperación…
… Y en el monte estaba el viejo, quien escuchaba como el auto se alejaba de su cabaña. Abrió los ojos y una figura se le acercó. Era la anciana, quien un beso en la sien le dio. Ella también volteó a ver el auto a lo lejos y con una dulce y calmada voz sólo decía “Si supiera que a su tío le hicimos la misma broma”.
Fin
Una tormenta se avecinaba y debía partir inmediatamente. De regreso, Augusto pensaba en volver a ver a viejo por más respuestas a la mañana siguiente, pero de pronto la lluvia comenzó a caer. El auto comenzó a calentarse y en medio del camino quedó. Tenía hambre y sed y un gran deseo de encontrar refugio. Pasaron las horas y la lluvia no cesaba. Augusto salió del auto y de pronto resbaló, y un ataque de locura lo envolvió. Sacó la pala, abrió el cofre y pronto con la herramienta golpeó con ira el motor queriendo que éste funcionara. Pero no fue así y una nube de humo logró sacar, la cual pronto la lluvia disipó.
Augusto sentía en su pie de metal la pronta llegada de los rayos. Así fue y uno de ellos a escasos metros de él cayó. En medio del camino, el hombre se encontraba, con poco conocimiento abrió paso entre el lodo y de pronto se levantó, tomó la pala y comenzó a caminar. Al llegar al pueblo éste parecía desolado, la lluvia se había calmado. Gritaba que alguien lo ayudara pero nadie salía. Cayó al suelo del cansancio y volvió a levantarse, dejando la pala en el suelo.
Una mujer acudió a su llamado y ofreció agua a Augusto. De pronto una niña, quien parecía la hija de aquella mujer se le acercó. Llevaba un collar de flores de tela como el de la anciana del otro día. Augusto de pronto se sintió confundido y le preguntó si conocía a una anciana con el mismo collar, la niña no respondió y la mujer, al escucharlos le dijo a Augusto “de qué anciana habla usted, ese collar yo lo acabo de hacer”.
Extrañado por eso, de pronto Augusto miró a su alrededor, el pueblo parecía conjuntarse en torno a algo. Se sorprendió al notar que la pala había cobrado un tono oscuro con el humo y aceite del auto, pero no se había percatado hasta ahora. Augusto de pronto pensó que estaba volviéndose loco, pero no parecía ser así. Estaba presenciando la leyenda en vida. Al ver a la pequeña no sólo pensó que había regresado en el tiempo, sino que sólo una persona podría haber sabido de todo esto: él y el viejo. En la locura sólo imaginaba que él sólo podía ser el mismo viejo, así que corrió hacia el monte en un viaje de desesperación…
… Y en el monte estaba el viejo, quien escuchaba como el auto se alejaba de su cabaña. Abrió los ojos y una figura se le acercó. Era la anciana, quien un beso en la sien le dio. Ella también volteó a ver el auto a lo lejos y con una dulce y calmada voz sólo decía “Si supiera que a su tío le hicimos la misma broma”.
Fin
25/8/08
Es sólo un juego, nada más
Han acabado las olimpiadas 2008 y México celebra grandes triunfos: dos medallas de oro y una de bronce (obtenidas estas últimas en equipo). Desde hace ya muchos años no habíamos presenciado algo así y poco a poco nos vamos consolidando como líderes en el deporte y arte marcial taekwondo; además de los clavados y caminatas donde suele haber talento rotatorio muchas veces también. Ciertamente al principio no esperaba mucho de los mexicanos, pero me dio gusto que hayamos demostrado éxito. Sin embargo, a pesar del orgullo, no me siento satisfecho, es decir, me parece que sigue siendo insuficiente.
Como logros comparados con nosotros mismos hemos demostrado un avance, pero si nos comparamos con otros países seguimos teniendo muy poca fuerza. Es verdad que estuvimos en muchos primeros lugares, pero también estuvimos en los últimos en el resto de las competencias, pero obviamente de ello no se habla. Se habla mucho de los elogios que dan a los ganadores mexicanos; pero algo que me llama mucho la atención fue escuchar lo preocupados que estaban algunos comentaristas de cómo Estados Unidos había sido opacado por China en cuestión de medallas y de lo entusiasmados que estaban en cómo van a hacerle para recuperarse las próximas olimpiadas.
Me llama la atención porque para mí y creo que para los mexicanos en general no nos debería importar quienes podrían ser los líderes en triunfos sino analizar críticamente los juegos. Claro, me he dado cuenta de que siempre pienso en utopías y se me olvida de repente que los comentaristas no siempre están debidamente capacitados en analizar y sólo se limitan a sus superfluas opiniones.
Otra cuestión que comento es que cuando vi el triunfo de Guillermo Pérez me dio gran gusto, pero en el fondo comencé a sentir incertidumbre sobre su futuro, cuando él se convierta la imagen no del éxito, sino del consumo. Efectivamente, aunque aún no lo he visto en comerciales patrocinando algún producto (y realmente no quiero que lo haga, así como a Paola Espinosa, Tatiana Ortíz y Ma del Rosario Espinoza), la cervecera Tecate ya se tomó la molestia de usar fotos y videos de él en sus comerciales.
Es lo irónico de la era moderna del consumo (pleonasmo intencional) que los años de preparación, el esfuerzo de una gran competencia a nivel mundial e histórica, que los sueños y deseos de ganar en un encuentro deportivo se usen para vender cerveza, es decir, alcohol, o sea todo lo contrario: vicio, adicción, sedentarismo y subsecuentemente sobrepreso, englobado todo ésto en mala salud y en el olvido.
Como logros comparados con nosotros mismos hemos demostrado un avance, pero si nos comparamos con otros países seguimos teniendo muy poca fuerza. Es verdad que estuvimos en muchos primeros lugares, pero también estuvimos en los últimos en el resto de las competencias, pero obviamente de ello no se habla. Se habla mucho de los elogios que dan a los ganadores mexicanos; pero algo que me llama mucho la atención fue escuchar lo preocupados que estaban algunos comentaristas de cómo Estados Unidos había sido opacado por China en cuestión de medallas y de lo entusiasmados que estaban en cómo van a hacerle para recuperarse las próximas olimpiadas.
Me llama la atención porque para mí y creo que para los mexicanos en general no nos debería importar quienes podrían ser los líderes en triunfos sino analizar críticamente los juegos. Claro, me he dado cuenta de que siempre pienso en utopías y se me olvida de repente que los comentaristas no siempre están debidamente capacitados en analizar y sólo se limitan a sus superfluas opiniones.
Otra cuestión que comento es que cuando vi el triunfo de Guillermo Pérez me dio gran gusto, pero en el fondo comencé a sentir incertidumbre sobre su futuro, cuando él se convierta la imagen no del éxito, sino del consumo. Efectivamente, aunque aún no lo he visto en comerciales patrocinando algún producto (y realmente no quiero que lo haga, así como a Paola Espinosa, Tatiana Ortíz y Ma del Rosario Espinoza), la cervecera Tecate ya se tomó la molestia de usar fotos y videos de él en sus comerciales.
Es lo irónico de la era moderna del consumo (pleonasmo intencional) que los años de preparación, el esfuerzo de una gran competencia a nivel mundial e histórica, que los sueños y deseos de ganar en un encuentro deportivo se usen para vender cerveza, es decir, alcohol, o sea todo lo contrario: vicio, adicción, sedentarismo y subsecuentemente sobrepreso, englobado todo ésto en mala salud y en el olvido.
18/8/08
Crónicas del microbús: tierra de nadie… sí, del conductor
La calle, el último lugar en donde la gente puede caminar en la dirección que le apetece debido a ser lo más cercano a un lugar compartido a causa de las fragmentaciones del espacio. La calle sin embargo es reclamada; un ejemplo puede ser el caso de los microbuseros de la Ciudad de México. El chofer una vez en su máquina hace suyas las leyes de transito según le convenga. El poderío recae en su baja educación que no le permite ser consciente de los límites sociales comunales, también en saber que la falta de regulación en las calles y avenidas le da la libertad y la magnitud del tamaño de su transporte y el hecho de no ser a veces propietario del mismo le permite tomar riesgos aventureros, que lamentamos todos los demás.
Al interior del camión las leyes son aún más duras para sus pasajeros, donde ni siquiera un reglamento existe para impedir que el sonido estridente de una música de mal gusto invada los oídos. El equipo de sonido amplifica los bajos y muchas veces son colocados en la parte trasera del camión. Sin embargo, un arma aún más poderosa es el de la gente sometida, esa actitud sumisa que impide un motín al interior. Claro está la ley del chofer, la de aquel con menos educación y posiblemente menor nivel intelectual que cualquiera de sus más humildes pasajeros.
Es cierto, no hay que generalizar, pero ante una mayoría encasillada deberíamos de sentirnos orgullosos cuando nos encontramos con un autobús limpio, con un chofer respetuoso y amable que conduce con prudencia. Yo diría que ellos son leyenda, héroes anónimos de la ciudad y de sus calles. Si algún día llegan a conocer a uno siéntanse más orgullosos que cuando conocen a sus ídolos otorga-autógrafos.
Al interior del camión las leyes son aún más duras para sus pasajeros, donde ni siquiera un reglamento existe para impedir que el sonido estridente de una música de mal gusto invada los oídos. El equipo de sonido amplifica los bajos y muchas veces son colocados en la parte trasera del camión. Sin embargo, un arma aún más poderosa es el de la gente sometida, esa actitud sumisa que impide un motín al interior. Claro está la ley del chofer, la de aquel con menos educación y posiblemente menor nivel intelectual que cualquiera de sus más humildes pasajeros.
Es cierto, no hay que generalizar, pero ante una mayoría encasillada deberíamos de sentirnos orgullosos cuando nos encontramos con un autobús limpio, con un chofer respetuoso y amable que conduce con prudencia. Yo diría que ellos son leyenda, héroes anónimos de la ciudad y de sus calles. Si algún día llegan a conocer a uno siéntanse más orgullosos que cuando conocen a sus ídolos otorga-autógrafos.
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