22/9/08

Sín-tesis

En el mundo en que vivimos guiamos la educación hacia la reproducción del sistema, donde los supuestos que no quepan en él son deliberadamente rechazados. Se trata de educar hacia reparar los daños que hemos provocado, pero no a prevenirlos. La profesionalización académica se encamina a mejorar la calidad de los satisfactores sociales pero no a replantear las verdaderas necesidades.

En parte es quizás por ello que trato de permanecer lo más alejado posible de la monotonía que puede crear la rutina de un trabajo de corto alcance, en lo espacial (sólo una pequeña región que atiende a gente de cierta clase) y lo temporal (mis servicios terminan tan pronto se me considere no competente).

Ahora que con el proyecto neoliberal global se encarrera hacia la conquista económica espacial, los legados quedan olvidados, tanto a un nivel comunal puesto que los beneficios son ahora privados, así como los individuales, al crear en la gente la condición de acumulación con el fin de no desaparecer de la misma sociedad enajenada de ellos mientras su poder económico no se los permita.

Dentro del marco psicológico, una disonancia cognoscitiva se desencadena en las mentes de las unidades sociales humanas, donde el conformismo de las condiciones nuevamente limita las expectativas, siendo en su mayoría pensar en la abundancia hacia el futuro. Por ejemplo hasta los más necesitados que no tienen capacidad económica para consumir, tienen en la mente hacerlo tan pronto el dinero sea posible. Y en realidad es algo de toda la humanidad, pensar en un futuro donde la acumulación de bienes sea el sueño.

Es el pensamiento moderno muy probablemente el que nos sigue guiando hacia ello, hacia el futuro. Dice la ciencia física que el tiempo tiende a acelerar el todo hacia el futuro, pero el humano ha visualizado eso no como una velocidad de desplazamiento espacial, sino como un crecimiento del espacio, una expansión hacia el infinito.

Pero claro está que ese espacio social no es el físico del mundo abstracto, sino un mundo de recursos finitos cuya abundancia desaparece al mismo tiempo que se piensa lo contrario. El comportamiento humano parece entonces encontrar caminos fragmentados para lograrlo. Los espacios-tiempos limitados, circunscriben lo que anteriormente en otras sociedades de modos de producción premodernas podían configurar de manera diferente.

Se trata de las relaciones sociales, cada vez más cortas por la necesidad de consumo. Lo nuevo tiende a ser creído como lo mejor, como en la música o el cine, mientras que lo viejo no lo es, aunque tan pronto es reconocido nuevamente su cuestión añeja es adjuntada al sistema reproductivo de consumo actual. Pero también lo son las amistades, los amores y los sentimientos, con grandes alcances en cantidad pero muy pocos en calidad. Y con la cantidad la modalidad también cambia, llegando hacia categorías tan raras que tratamos de encasillar sin tener opinión alguna que la que hemos absorbido del discurso generalizado.

Es esta atracción hacia la diversidad, que la visión posmoderna con falta de proyecto ha creado medios de expansión de la visión del mundo, pero en amenaza de la idea imperialista, que sin duda no es idea de unos cuantos, sino siendo parte del espacio vital de cada persona, incluyéndome a mí.

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