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17/1/11

El placer de viajar


Cuando uno viaja, lo hace en su mayor medida por placer. El placer se traduce de varias formas, sea para descansar, para conocer nuevos lugares y en general para distraernos de nuestra vida no viajera. Cuando uno viaja en una condición que implica trabajo del cual ya uno está atado a su lugar de residencia, la experiencia difícilmente se traduce como placentera de un viaje, tomando en cuenta que no se pueda dar uno una escapada de eso. 

Sin embargo, cuando uno viaja, sea a eventos o a lugares, al menos yo lo hago para ampliar mi conocimiento del mundo, salirme un poco más de la esfera donde vivimos y ver realmente cómo son los estilos de vida de otras personas, así como de disfrutar de paisajes, naturales como urbanos, que es lo que realmente me da satisfacción en un viaje. 

Cosas que no acostumbro ni comparto en los viajes a diferencia de otras personas es, por ejemplo, beber el alcohol local, dado que en general no bebo alcohol ni lo considero una experiencia necesaria. También probar platillos típicos de la región, claro está, que depende que los coma si contienen restricciones a mi dieta. Pero también lo es la compra de artesanías. No estoy en contra de comprar artesanías, simplemente no es algo que a mi me interese, ya que cuando viajo mi dinero tiene jerarquías, y la preferencia la tienen siempre las cosas básicas como la comida y el agua, el albergue, el transporte y las entradas a lugares. Las artesanías pasan luego a ser objetos guardados que sólo acumulan espacio innecesario, en cambio, las imágenes y experiencias siempre son bienvenidas en los recuerdos.

Pero el viajar también tiene sus consecuencias de corte negativo. Podemos encapsularlas en experiencias que también son de vital importancia, especialmente como prevención de la próxima aventura. No siempre suceden en todos los viajes, y su importancia dentro del mismo es muy variable, pero puedo enumerar las siguientes que he padecido: frío (por algunos días), falta de dinero (por algunos meses), hambre (por meses también, producto de lo anterior), reacciones alérgicas (en lugares tropicales generalmente a mosquitos, pero en lugares templados o fríos, a cosas que aún no he identificado) y finalmente la más reciente, una gripe común. 

Se preguntarán en qué gravedad puede compararse una gripe común a lo anterior, bueno, he aquí la cuestión, estamos tan acostumbrados a tratar los síntomas de la gripe por el acceso a medicamentos y al reposo, que rara vez nos preocupamos qué significa tener la infección. En mi caso, comenzó simplemente como ardor en la garganta, para luego ser lo suficientemente molesta que no me dejaba hablar, para después ser un agudo dolor de oídos. Hasta aquí creo que hemos padecido lo mismo casi todos los que hemos tenido gripe, pero el dolor fue cada vez más y más intenso, que los medicamentos que atacaban los síntomas simplemente ya no funcionaban, y el dolor era tal, que tragar saliva era extremadamente doloroso.

Era tan intenso, que sentía tragar alfileres y que éstos se repartían por mi garganta y oídos. Pero la cuestión es que, esencialmente, llegué al punto en que no sólo psicológicamente no podía dormir, sino fisiológicamente hablando. Si me dormía, el reflejo de la garganta de tragar saliva se activaba y me despertaba del dolor. Dada la enfermedad, mi cuerpo reaccionó con una gran salivación, al grado que en unas 6 horas salivaba cerca de un litro. Intenté dormir de manera en que la saliva saliera de mi boca en vez de irse a mi garganta, pero la salivación era tan grande que de todos modos se iba a ese lugar, dándome una sensación aún mayor, no sólo el ardor correspondiente que ya mencioné, sino la sensación de ahogamiento.

Esta última vez viajé en grupo, en una excursión, pero veía en sus ojos cómo solamente me observaban como niño chillón, en mi mente sólo quería una cosa, ya ni siquiera hablar, ya ni si quiera librarme del dolor, sino dormir, sólo dormir. Nunca lo logré durante el viaje. Cada hora, cada segundo que faltaba para regresar a casa se hacía más grande, como una dilatación del tiempo. Poco pude disfrutar de los últimos días. Mis compañeros sólo me preguntaban “¿Todavía sigues enfermo?”, o “Ah, probrecito, tienes dos días sin dormir”, etc. Incluso en el camión, una chica venía fumando dentro, y más aún, detrás de mi asiento.

Es aquí donde me doy cuenta de que, efectivamente, uno siempre debe valerse por si mismo, pues ni siquiera podemos confiarnos de la gente, que de por si he mencionado anteriormente, es hipócrita, por ello en realidad los que ayudan sobresalen ante los demás, porque los demás no lo hacen. En total fueron 92 horas sin poder dormir, sólo 4 horas más y hubieran sido 4 días completos. Mi récord anterior fueron cerca de 32 horas y ya estaba bastante molesto por la falta de sueño, pero ésto fue casi tres veces más.

No por ello fue un mal viaje, no faltaron las experiencias de paisajes y vida cotidiana de los lugareños que siempre busco; pero de cualquier modo te enseña un poco más de la naturaleza humana, de cómo algo pequeño puede ir creciendo hasta un punto que se vuelve difícil de controlar, y el placer de viajar queda de lado ante el dolor molesto de incomodidades inesperadas.

20/9/10

¿Libertad de elección?: Somos lo que comemos 2

La gente es muy celosa de los placeres de la vida, claro está, que dicha definición de placeres sea la idea generalizada. Existe una innumerable lista, pero como siempre me enfocare a los estilos de vida. Por ejemplo, la aparente “tortura” de seguir una dieta. Estamos acostumbrados a ciertos alimentos, muchos de ellos con un sabor agradable al paladar, pero con ciertas consecuencias poco nutricionales. Me he preguntado hasta que punto puede ser la gente celosa tanto de los placeres del gusto por la comida, que se anteponen a la salud integral.

Yo he vivido casi la mitad de mi vida con lo que por sentido común conocemos como “dieta”, una tan perpetua que simplemente he dejado de verla como tal. Mucha gente a través de estos años se ha sorprendido de que no consuma ciertos alimentos, y sin embargo sigo restringiéndome. Ahora puedo decirles que efectivamente sufro de deficiencias en mi sistema metabólico, y no por la dieta, sino por una genética y un estilo de vida previo al inicio de dicha dieta.

Ésta suele ser la primera en salir como culpable, y más si es vegetariana. “es que no consumes suficientes proteínas”, “es que no consumes suficientes lácteos”, etc, etc. Dejenme comentar que, de no haber sido por las restricciones, hubiera desarrollado mi deficiencia desde años atrás. En realidad la dieta no mejoró las cosas, sino impidió que empeoraran, pero nunca fue algo nocivo en su totalidad, simplemente ha llegado el punto en mi vida en el cual ya no es suficiente.

Mi dieta actual por el resto de mi vida sigue y seguirá siendo la misma, con muchas restricciones. Eso no me preocupa, ni me pone triste, sino el hecho de que ahora dependo de medicamentos, análisis y visitas al doctor recurrentes cual vil enfermedad crónica.

Así que, mientras una persona se deleita con el rico sabor de una comida alta en grasas y azucares, yo encuentro en realidad placer en aumentar mi esperanza de vida. Me pregunto entonces, si yo con unos cuantos años de pasar por obesidad infantil y con un estilo de vida tan cuidadoso ya ha sido comprometida mi salud de por vida, ¿cómo será la calidad de vida de otros? ¿cómo será la calidad de vida de las próximas generaciones en México, con índices cada vez mayores de obesidad?

Las preguntas como siempre quedan al aire.

22/2/10

Los manierismos del cafetero

No hay nada más rico que un capuchino por la mañana. Bueno, tal vez, si no fuera por esa falta de higiene del sueño. El estrés de la ciudad es tan fuerte que pareciera que debemos apoyarnos en algo que nos mantenga en pie. El café, una droga legal y ligera, como todas las demás se vuelve un aspecto social de encuentro, de plática, de deguste y disfrute.

Aquel aficionado al café no lo puede negar, es un placer. ¿Pero cómo comienza tal cosa? De manera muy parecida al cigarro y el alcohol. Es una manera de sentirse incluido, de una transición en el desarrollo de la vida. Obviamente, el tomar café implica un ritual de manierismos. Por ejemplo, llevar el café en el antebrazo, pegado a un costado del cuerpo, mientras las manos son usadas para llevar algunos papeles. Pero en un momento, el cafetero se detiene y toma un sorbo, mirando hacia la infinitud del ángulo donde los ojos no se encuentran.

La ligera adicción es obvia, pero no molesta. Es recurrente mientras el cafetero dependa del producto a tener mejores hábitos de resistencia al sueño. La salida más fácil es la mejor, pero también con las mayores consecuencias. Gastritis y falta de sueño, como lo más común. No suena tan grave. Lo grave del cafetero es la demostración de su debilidad, del conformismo de la modernidad, de la pereza y disciplina. Eso sí, la opción descafeinada siempre logra la atención de todos los cafeteros, quienes piensan de ese bebedor un débil, irónicamente.

El cafetero colecciona tazas para café y es celoso de darles ese único uso. Comprar cafetera es un mandamiento fundamental de igual manera, siempre y cuando le guste prepararlo. El aire introspectivo del café puede notarse en los manierismos, quienes lo usan para resaltar aún más su imagen, falsa o no, de intelectual.

Al final el resultado es el mismo, el placer viene con el precio de destruirnos, pero jamás pensamos en optar por otra vida, una que pudiera ser innecesario atender.

15/6/09

Libertad de elección: somos lo que comemos

Tenía ya años de estar a dieta, que finalmente lo que comía no lo consideraba un “estado pasajero” como suele entenderse, sino simplemente mi alimentación habitual. Cuándo ordené una ensalada de atún en un restaurante, lo primero que me dijo la mesera antes de siquiera confirmar la orden fue “ah claro, para no engordar”, como si fuera un capricho y no una verdadera decisión.

Y así me encuentro ante el mundo bizarro de nuevo, como me es de costumbre. Me he puesto mucho a reflexionar como el papel de la comida sigue siendo una cuestión de orden social más que un hábito nutricional. En el mundo en el que vivimos actualmente, al menos en sociedades occidentales industrializadas, tenemos ciertas actitudes hacia nuestra alimentación diferidas pero con cierta constancia.

Por un lado la cantidad y el tipo de comida que consumimos excede las calorías y nutrientes que necesitamos, por lo cual comemos más por placer que por necesidad. Ese placer se ha sobrevaluado a través del tiempo y hasta cierto punto, salirse del parámetro trae consigo cierto tipo de rechazo en la sociedad.

El rechazo no es el hecho de que las personas cercanas sientan curiosidad y extrañeza ante alguien que no consume cierto tipo de alimentos, sino es el rechazo de la industria alimenticia la que realmente afecta a la gente que ha decidido hacer de su vida una más saludable, ya que la gran mayoría de los productos son de baja calidad nutricional. Es entonces que salieron al mercado los productos “light”, que no necesariamente son saludables, sino que en realidad contienen un poco menos nocividad que los “normales”. 

En las sociedades industriales, alguien que sigue una dieta “saludable” es aquel que consume productos “Light”, pero en realidad dista mucho de su objetivo. El ser saludable es ahora una cuestión de libertad de elección, la cual al final está condicionada ante una verdadera mala alimentación producto tanto de malos hábitos alimenticios de la población como de pocas opciones en el mercado.

La verdadera “buena alimentación” es más radical de lo que uno imagina, donde lo sabroso que conocemos difícilmente entraría en nuestras bocas. En el mundo moderno la autodestrucción es lo que prevalece y no seguir ese patrón es una anomia. El no fumar, beber alcohol y comer “verdaderamente saludable”, así como hacer ejercicio y otros hábitos en pro de la salud son parte de un no necesariamente selecto grupo, sino una minoría que bien puede sentirse orgullosa de sus logros pero fracasada ante un mundo en el cual la exclusión es lo más habitual.

18/5/09

Los manierismos del bebedor

Cuando de beber se trata una gran acción histriónica precede la falta de inhibición. La bebida, refiriéndome por supuesto al alcohol, es tan sólo un acto social, no un momento de hidratación ni nutrición esencial. Excepciones quizás fueron las cervezas que se preparaban en los territorios que ahora son Alemania y alrededores hace siglos, donde una gran carga proteínica era esencial ante falta de comida en tiempos de escasez. 

En el mundo moderno no es el caso. Beber alcohol es un hecho bastante generalizado y si alguien no lo hace se le puede considerar como parte de un grupo minoritario. Es por ello que los bebedores son insistentes, sintiendo una amenaza a su estilo de vida exacerban sus actitudes hacia la bebida. Acción individual o colectiva, nunca falta un bebedor. “
Ir a tomar una chelas” es casi sinónimo de “ir a tomar un café”, puesto que el interés es tan sólo convivir y relacionarse.

Las fiestas son sobre todo los momentos en donde podemos notar al bebedor en su esplendor. Siempre con la bebida en mano y especialmente mostrándola en las fotos, como brindando salud, a pesar de que la salud es lo que se va perdiendo en cada sorbo. La botella, el vaso, pasan de ser objetos a seres cuasi ideales, como si tomaran vida propia, la compañía perfecta. Una vez vacíos, su sustancia, su esencia se acaba y son arrojados, dejados, destruidos y olvidados. Lo mismo sucede con la persona, su sustancia y esencia se pierde. Con el paso del tiempo se destruye (o en un abrir y cerrar de ojos si a gran velocidad se encontraba). 

La resistencia a los efectos del alcohol es directamente proporcional a su dependencia. Tratando de probar su asombrosa capacidad, bebe y bebe tratando de no perder la sobriedad. Bebe y bebe tratando de encontrar ese sabor de la calidad añeja que una bebida barata no tiene. Bebe y bebe con tal de olvidar, pero no olvidar sus recuerdos sino quien es.

Lo mas sorprendente para un abstemio es notar cómo un bebedor se sorprende que uno no caiga en la tentación. Dos caras de la misma moneda encontradas, pero la vida suele crear las condiciones, sólo queda entonces contemplarlas en la sutileza de la interacción cotidiana, aquella que pudiera innecesario atender.

30/4/09

La influenza negativa de la sociedad

Desde el ojo del huracán de la epidemia global de influenza, me he dado cuenta que el problema va más allá de lo que todos hubiéramos imaginado. ¿Realmente es esta epidemia tan amenazante como nos lo hacen creer? No. Es una amenaza indudablemente, pero es más la amenaza de las acciones de los seres humanos que la del propio virus. 

En primer lugar, las cifras. Los decesos, entre casos confirmados y supuestos fluctúan entre menos de 10 a más de 160, lo cual remarca una total y clara falta de datos. En segundo lugar el perfil de los enfermos; hasta el momento se sabe poco al respecto. Lo que si es cierto es que la gran mayoría se encuentran en México. ¿Qué tienen los mexicanos que mueren y no los infectados que están en el resto del mundo? De lo poco que podemos saber las personas que murieron fueron aquellas que en una fase avanzada de la enfermedad no fueron atendidas en el momento óptimo. Esto contrasta con los infectados de otros países los cuales son detectados tan pronto pisen suelo y son constantemente vigilados y con seguimiento.

Creo que aquí tenemos un dato esencial. Por un lado una cultura mexicana de esperar al último momento. No me consta, sólo supongo, pero creo que no podemos dejar de lado esa posibilidad. Otra cuestión ha sido el hecho de que el sistema de salud mexicano es realmente deplorable y hasta hace poco el seguro social quedo accesible sólo a aquellos que pudieran pagarlo. De nueva cuenta, faltan datos, como quiénes fueron las personas acaecidas.

Ahora bien, la paranoia puede servir muy bien para el gobierno mexicano en los siguientes aspectos: Por un lado un control total de la población justo en momentos de reformas energéticas, educativas, guerra contra el narcotráfico y elecciones próximas. Además, una ayuda como la del Banco Mundial de alrededor de 200 millones de dólares no cae nada mal en momentos de crisis financiera, pero hay que recalcar que eso se adiciona a nuestra de por sí larga deuda externa.

Sin embargo, esa ayuda es mínima y totalmente insuficiente ante las pérdidas económicas que el país enfrenta y enfrentará. Si realmente hubo un plan maquiavélico detrás de esto, tendrán que pensarlo dos veces antes de volver a hacerlo. Por ejemplo las pérdidas ante la baja productividad en casi todos los sectores, especialmente aquellos que obtienen ingresos a partir de alguna actividad que requiera reunir gente en un espacio. Por otra parte, otra industria como el turismo, la cual es una de las más fuertes del país, reducirá bastante en un futuro próximo, más si ya de por sí las fronteras están cerradas al mundo.

Y aun cuando la crisis pase, los controles que tendrán otros países para los mexicanos, así como para las exportaciones serán mayores, lo cual podría reducir el flujo de personas y productos mexicanos a nivel internacional. 

Llaméenme loco, pero es muy curioso que cada cien años haya un cambio extraordinario en la organización social del país. Tal vez en doscientos años estemos recordando el bicentenario de la influenza y estemos enfrentado una nueva crisis social.

25/8/08

Es sólo un juego, nada más

Han acabado las olimpiadas 2008 y México celebra grandes triunfos: dos medallas de oro y una de bronce (obtenidas estas últimas en equipo). Desde hace ya muchos años no habíamos presenciado algo así y poco a poco nos vamos consolidando como líderes en el deporte y arte marcial taekwondo; además de los clavados y caminatas donde suele haber talento rotatorio muchas veces también. Ciertamente al principio no esperaba mucho de los mexicanos, pero me dio gusto que hayamos demostrado éxito. Sin embargo, a pesar del orgullo, no me siento satisfecho, es decir, me parece que sigue siendo insuficiente.

Como logros comparados con nosotros mismos hemos demostrado un avance, pero si nos comparamos con otros países seguimos teniendo muy poca fuerza. Es verdad que estuvimos en muchos primeros lugares, pero también estuvimos en los últimos en el resto de las competencias, pero obviamente de ello no se habla. Se habla mucho de los elogios que dan a los ganadores mexicanos; pero algo que me llama mucho la atención fue escuchar lo preocupados que estaban algunos comentaristas de cómo Estados Unidos había sido opacado por China en cuestión de medallas y de lo entusiasmados que estaban en cómo van a hacerle para recuperarse las próximas olimpiadas.

Me llama la atención porque para mí y creo que para los mexicanos en general no nos debería importar quienes podrían ser los líderes en triunfos sino analizar críticamente los juegos. Claro, me he dado cuenta de que siempre pienso en utopías y se me olvida de repente que los comentaristas no siempre están debidamente capacitados en analizar y sólo se limitan a sus superfluas opiniones.

Otra cuestión que comento es que cuando vi el triunfo de Guillermo Pérez me dio gran gusto, pero en el fondo comencé a sentir incertidumbre sobre su futuro, cuando él se convierta la imagen no del éxito, sino del consumo. Efectivamente, aunque aún no lo he visto en comerciales patrocinando algún producto (y realmente no quiero que lo haga, así como a Paola Espinosa, Tatiana Ortíz y Ma del Rosario Espinoza), la cervecera Tecate ya se tomó la molestia de usar fotos y videos de él en sus comerciales.

Es lo irónico de la era moderna del consumo (pleonasmo intencional) que los años de preparación, el esfuerzo de una gran competencia a nivel mundial e histórica, que los sueños y deseos de ganar en un encuentro deportivo se usen para vender cerveza, es decir, alcohol, o sea todo lo contrario: vicio, adicción, sedentarismo y subsecuentemente sobrepreso, englobado todo ésto en mala salud y en el olvido.

19/5/08

El agua que disuelve la mente

Recientemente me ha llamado la atención un anuncio en la televisión mexicana sobre una marca de agua. Lo que voy a comentar, más bien criticar, no es en sí los efectos fisiológicos de dicha agua, sino en general los efectos sociales de la publicidad. ¿Por qué no comentar los efectos fisiológicos del consumo del agua? Bueno, no soy experto en el tema y por lo visto el debate sobre si son necesarias o no las sales en el agua para el organismo es algo en lo cual siento no tengo por el momento los conocimientos para poder argumentar sobre ello.

En cambio, me interesa apuntar cómo es la publicidad del producto. Se anuncia que esa marca de agua no contiene en absoluto sales de sodio y otras sustancias, simplemente es agua pura. El anuncio muestra a una mujer muy bella pero sumamente obsesionada con buscar algo que no contenga calorías y lo encuentra en dicha marca de agua. Para aquellos que están acostumbrados a escuchar críticas a la publicidad sentirán este texto repetitivo y envuelto en la obviedad, pero aseguro que muchos lectores pueden estar hartos de leer y oír lo mismo y aun así no decir o hacer algo al respecto, pues lo repetitivo se vuelve absurdo, cuando en realidad no debería ser así. Efectivamente, el dichoso anuncio no es el único de su tipo y corresponde a un movimiento publicitario cuyo objetivo es segmentar y confundir al mercado consumista.

Por un lado una parte de los anuncios muestran que el comer cosas deliciosas, en gran cantidad y a buen precio es de lo mejor (es decir, comida rápida y chatarra); mientras que otras se apuntan hacia la parte culposa a posteriori del efecto de los primeros, o sea, los anuncios que tratan sobre “alimentos saludables”, así como medicamentos y tratamientos para la salud, aunque sobre todo para la belleza física. Debido a la falta de conocimientos de la población, se crea un sentido común y una práctica social en la cual lo “bueno y correcto” es comer algo sabroso, pero cuidarse; hay que sacrificar todo por el placer de deleitarse por un alimento o bebida de gran sabor, pero hacer el mínimo esfuerzo por recuperar la salud, o más bien la forma física.

Aquel que se incline sólo por un lado tendrá consecuencias: Si se queda del lado de lo sabroso probablemente el sobrepeso le generará un gran estigma social, asimismo su salud fisiológica (y psicológica de la cual no se habla pero se sobreentiende) terminará con la persona. Por otra parte, aquel que se quede del lado de lo saludable será estigmatizado por su arrogancia y renuencia, y su papel como anacoreta culinario le hará ser visto como un externo al juego social de esta interacción alimentaria.

De esta interacción, en la cual se crea la ilusión de un balance alimentario, de lo sabroso a lo saludable, existe en realidad pérdidas de todo tipo. Una pérdida económica que es la cual interesa a los medios y las industrias que manejan los productos. Pero para la persona no sólo es la pérdida de su dinero, es la pérdida de salud, tiempo e ilusiones vacías, sustituidas en su mente por ilusiones que cegan la realidad del vacío, una pantalla o monitor de televisión que muestra una realidad que no es.

El anuncio del agua corresponde a ese segundo tipo de comerciales y productos, creados para compensar la ilusión de bienestar saludable. En realidad el mismo anuncio muestra ya de por sí la enfermedad (es decir, la obsesión, que después podría convertirse en desordenes alimenticios) como si fuera algo normal e incluso correcto. Por ello se crean entonces un tercer tipo de anuncios, aquellos para concienciar, tratar de manejar la culpa retroactiva hacia la sociedad. Es decir, aquellos que se dedican a promover la limpieza de las instituciones y sus productos y acusar a la gente de su negligencia por haber consumido esas mercancías.

El agua pura es en realidad aquella que existió antes de la transformación del mundo por parte del humano. Esa agua ya no existe, pero existen ilusiones sobre ella, como la del anuncio. El agua, ya nos podemos dar cuenta, es un bien privado, de estatus, de privilegios, de manipulación social, de poder y de lucha. Ese efecto a gran escala puede verse tan simple como en la conducta consumista y alimentaria de aquellos y aquellas que crean que beber el agua sin algo es lo más saludable.

21/2/08

Los manierismos del fumador

El acto de fumar requiere de una serie de acciones distintivas y son ellas con las cuales podemos observar el grado de intensidad del fumador. La idea de que el cigarro es exquisito proviene de la fantasía de un adicto, pero como el nivel de adicción en un primerizo es casi nula, la reciprocidad social o la fantasía creada que se tiene del cigarro es la mejor arma que se tiene para caer.

Los fumadores primerizos tienden a mostrar facetas muy estilizadas como de una persona con un grado avanzado de madurez e intelectualidad. Cerrando ligeramente los ojos, inclinando un poco la cabeza, practican el arte de la inhalación y exhalación. Algunos incluso tratan de formar figuras con el humo, otros simplemente ignoran su alrededor queriendo mostrar poca importancia hacia ello, aunque una mirada de reojo suele delatar lo contrario.

Algunos otros buscan en el cigarro, la fantasía de la relajación, la idea del aislamiento. Muestran interés en tener un cigarro aún sin ser fisiológicamente adictos y poco a poco lo aprenden como la única manera de encontrar ese estado ideal. Pero cuando ya se es fisiológicamente adicto, la forma de fumar cambia. Ahora el interés es la nicotina y dejan de lado aquellas razones que los llevaron a su adicción. Su manera de fumar se nota ahora tan natural que el énfasis es menos intenso, pues sólo se hace por que el cuerpo lo requiere, no por que se desee que la gente lo vea a uno hacerlo.

Cuando un fumador ya adicto comienza una nueva fase de experimentación, donde por lo general se da el salto hacia otra modalidad, como lo es el puro o la pipa, la búsqueda de la impresión regresa. Vemos de nuevo los manierismos típicos de un fumador primerizo y si uno cree que la historia se detiene en el cigarro, se está equivocado, pues podemos encontrar casos similares aunque diferentes en el alcohol o incluso el café.

La sutileza de la interacción cotidiana nos ha filtrado de la observación de lo que pudiera parecer innecesario atender.